• “Algunos personajes son de la actualidad, pero no hay crítica social ni política, sino que son un personaje más”
  • “Me gustaría hacer, si tuviera más tiempo, el Rompetechos, que para mí es EL personaje”
  • “Cuando tengo delante una página en blanco, me giro, cojo uno de mis álbumes y me viene la inspiración. Es como si me hiciera un autotrasplante”
  • “He dormido más con Mortadelo que con mi mujer”

PATRICIA ZARRALUQUI

CELIA DORIA


Francisco Ibáñez Talavera (Barcelona, 1936) empezó a dibujar desde muy pequeño y con 7 años ya había publicado un dibujo en una revista. Pasó de trabajar en un banco a dedicarse única y exclusivamente a escribir y dibujar cómics. Después de muchos años de duro trabajo y de plantearse emplear también la mano izquierda porque no era capaz de seguir el ritmo del éxito de sus personajes, hoy solo sigue con Mortadelo y Filemón, que le llevan acompañando desde hace casi 60 años con más de 200 aventuras. Además, papá Ibáñez, como él mismo se llama, también es autor de otras famosas series de tebeos como Rompetechos, su favorito, Pepe Gotera y Otilio o 13, Rue del Percebe, cuyos personajes forman ya parte de la cultura popular de nuestro país.

 

¿Cuál es la clave del éxito de Mortadelo y Filemón?

Que lo hago yo, claro (risas). No, en serio, la clave de Mortadelo, igual que la de cualquier otro personaje, no es que esté mejor o peor dibujado. De hecho, yo como dibujante soy bastante regularcillo. La clave está en buscar un guion que haga gracia al lector, que tenga muchos gags, cuantos más, mejor. La persona que compra una revistita, si tiene cuatro o cinco gags, pone mala cara, pero si tiene treinta… “¡Olé, olé! Cuánto me dan por mi dinerito”. Está satisfecho. Ahí está la razón del éxito de los personajes.

 

¿Nunca pasarán de moda?

Mira, el tiempo que lleva Mortadelo en el aire son ya, a falta de unos días, 60 años, todos los demás personajes del cómic han nacido, han vivido, han estado un tiempecito, luego han caído… Y este puñetero sigue aguantando para jorobarme (risas).

 

Al fin y al cabo, Mortadelo y Filemón son los únicos personajes que sigue dibujando.

Sí. Los demás —Gotera y Otilio, Sacarino, o Rompetechos, uno de los que más me ha gustado siempre— también gustan a la gente, pero… todos querían más y más de Mortadelo. Mira, yo a veces he intentado trabajar con la mano izquierda, pero por más que lo he intentado, no me ha salido. Solo puedo trabajar con la derecha y no me da tiempo para más. Si no, en este momento seguiría dibujando los demás personajes porque el público los sigue aceptando tan bien como el primer día, pero no hay tiempo para todo. Mire, usted. Lo siento.

 

Son parte de su familia.

Me he pasado más tiempo con estos personajes que con mi familia. Te podría decir que he dormido más con Mortadelo que con mi mujer (risas). Muchas veces he trabajado hasta altas horas y me he dormido sobre la mesa con él. Y entonces oía voces lejanas de mi mujer: “Paco, ¿estás tonto? ¿Vienes a dormir o qué?”. He vivido más con Mortadelo que con el resto de la familia.

 

¿Cómo se adapta a los nuevos tiempos?

Más de una vez me han dicho: “Ya no harás nada con todos esos cacharritos”. Esos que yo no sé cómo funcionan, el ordenador y tal. “Tú lo harás todo con el ordenador”, me insistían. Les daba una bofetada que los dejaba nuevos. Nunca he sabido hacer funcionar un cacharro de esos y, a pesar de todo, sin ordenador y sin puñetas, estoy haciendo las cosas. Igual que hace 60 años, con esta mano y un lapicito, y sigue saliendo todo la mar de bien.

 

Francisco Ibáñez nunca ha sabido utilizar las nuevas tecnologías para dibujar, él sigue apostando por papel y lápiz. Foto: cedida por Ediciones B.
¿Ha pensado alguna vez en dejar de dibujar?

Cuando uno es jovencito no sabe qué ocurrirá. Pero aún tengo muchos años por delante. Hasta que yo esté en mi tablero con un papel en blanco delante, coja el lápiz y no se me ocurra ninguna idea, y mire hacia el tablero y no sienta ninguna de esas musas que dicen que se sienten y te soplan en la oreja, no cogeré mis papelitos de dibujar, todo lo que tengo de archivo, todas las revistas, y haré un montoncito y pondré una cerilla debajo. ¡A hacer puñetas con eso, se acabó! Pero ese día no ha llegado todavía. Aún me siento a trabajar y se me ocurre una idea, o a lo mejor cuando me voy a dormir. Eso que os decía de mi mujer, a veces me meto en la cama y viene una idea. En 60 años que lleva Mortadelo aún no se me ha ocurrido tener un bloc en la mesilla de noche para apuntar cualquier idea que me venga a la cabeza. Cuando viene, me levanto corriendo al tablero a anotarla porque sería horrible levantarse al día siguiente y haberla olvidado. Y tras esa idea llega otra y otra, y me puedo haber levantado a las dos o tres de la mañana y son las siete y aún estoy ahí delante del tablero.

¿Suele releer sus tebeos?

¡Claro que sí! Hay algún momento de esos en el que tengo la página en blanco pensando: “¿Qué pongo?” Entonces me giro, cojo un álbum de los míos, empiezo a repasar y me viene la inspiración. Es como si me hiciera un autotrasplante.

¿Qué aporta el cómic a la forma de contar historias que otros lenguajes no tienen?

Antes los niños tenían sus tebeos que esperaban todas las semanas. Ahora tienen ordenador, televisión y tienen de todo. Yo lo veo con mis propios nietos, aunque ellos aún cogen algún tebeo cuando vienen a casa. No sé si es porque los hago yo.

Es una lástima porque el cómic, además de alegrar la vida, a los niños les enseñaba a leer. Si hay una cosa que ellos odien son esos bichitos pequeñitos que se llaman letras. En la historieta hay poco de eso, así que los niños los leían junto a los dibujos y poco a poco aprendían.

 

¿Por qué decidió incluir a Mortadelo y Filemón en la actualidad y dejar de lado las escenas atemporales?

Parece que sea de más actualidad, pero verás que allí no hay ninguna crítica social ni política con todos estos personajes. Si te fijas, verás que salen esos personajes simplemente por eso, porque son de actualidad y de cara al lector es como: “Mira, si aquí sale este tío. A ver lo que dice Ibáñez de él”. Pero este personaje es uno más de Mortadelo y Filemón. Igual que sale el Rajoy, igual que sale cualquiera, podría salir un tío con barba, bigote y barriga y sería lo mismo. Pero así, parece que la historieta sea más, de cara al editor, como una lechuguita del huerto, así fresquita. Está más al día, simplemente es por eso, no por hacer crítica social ni cosas de esas.

 

Sus personajes tienen mucho carácter español, ¿cómo cree que se entiende fuera ese humor tan de aquí?

Hubo un tiempo, en el antiguo gigante editorial, cuando todavía no se publicaba nada del cómic español en el resto de Europa, que yo le decía al director: “Oiga, ustedes que van por allí a comprar cosas, ¿por qué no intentan vender algo nuestro y que veamos alguna pesetilla?”. Y el dire me contestaba: “No, mire, Ibáñez, piense usted que el humor español no es lo que gusta en Alemania o en Suecia, allí tienen otra forma de ver las cosas”. Y yo le decía: “Mire, el humor es igual en todas partes”. Te hace reír, aunque no te tires por el suelo de risa; o te hace sentir bien, aunque sea de ombligo para dentro. Si no ocurre esto, no es ni humor ni es nada. Al final consiguió venderse. Los primeros ejemplares de Mortadelo se vendieron, sobre todo, en Alemania. Allí el boom fue tremendo, los tirajes incluso eran superiores a los de España. Y yo le decía al dire: “¿Ve, señor González? Ni Alemania ni Suecia ni nada; si tiene gracia, sale en todas partes”. Y así fue durante mucho tiempo hasta que el cómic empezó a caer un poco, pero durante muchos años fue el número uno, se publicaba en toda Europa. Para mí, tenía una gracia tremenda el nombre de los personajes. El guion se traducía simplemente y ya está, pero a los personajes cada país le ponía el nombre que más le parecía. En Alemania se llamaban Clever & Smart. En Finlandia y esos países del norte, el nombre era una serie de unas 15 o 20 consonantes con una triste vocal en medio, que no había Dios que lo leyese. Solamente leer el título, a mí ya me hacía gracia. Los franceses lo conservaron todo: Mortadel et Filémon. Los italianos los afeminaron y los llamaron Mortadela y Filemona, o algo así.

 

Mortadelo y Filemón son los únicos personajes que Ibáñez sigue dibujando a día de hoy con 81 años. Foto: cedida por Ediciones B.

 

¿Hay algún personaje que se haya dejado en el tintero? ¿A cuál recuperaría?

¡¿Más personajes todavía?! Ni loco, ni loco. En el tintero no se ha quedado nada. Me gustaría hacer, si tuviera más tiempo, el Rompetechos. Para mí es EL personaje. No es que me guste solo porque permite hacerle más gags gracias a su cortedad de vista, sino que, precisamente por esa cortedad de vista, es el personaje donde se cumple el tópico de que el representado se parece al autor. Este es corto de vista como papá Ibáñez, tiene el cráneo brillante como papá Ibáñez. O sea, muy parecido a papá Ibáñez. A mí me encanta este personaje. Si tuviera tiempo, me dedicaría a él.

 

Si siguiera Rompetechos, ¿se operaría la vista?

¡No, por favor! Eso sería matar al personaje. Es como si a Mortadelo le quitáramos su traje. Alguien me decía: “¿Pero este Mortadelo? ¡La vestimenta que lleva!”. Pero cuando nació Mortadelo, esa levita ya era macarrónica, ya estaba pasada de moda. Sin embargo, ese personaje nació con esa ropa y ha de llevarla hasta que lo meta en el cajón. Si a un personaje de cómic le quitas la forma de vestir, lo has matado completamente. Dices: “¿Y este quién es? No es el que me gustaba”. El personaje como nace ha de morir, sencillamente.

 

¿Cambiaría ahora algo de sus personajes?

¡No, no, no! Lo hecho, hecho está. Cuando termino una página, me gusta poner muchos detalles y dejarla bien acabadita. Luego la miro y digo: “¡Qué gracia tiene este tío!”. Cuando a mí me gusta aquello, no tengo que retocar nada más.

 

En alguna ocasión, se ha dibujado a sí mismo y se ha metido como personaje más. ¿Cómo es esa experiencia?

(Risas) Hay quien dice: “Es genial este tío, fíjate qué gracia tiene para reflejar las situaciones”. Pero eso es mentira, hay momentos en los que, aunque los guiones se den como rosquillas y van saliendo bien, te quedas: “¡Hostia! ¿Qué pongo aquí?”, delante del papel en blanco. Si no se me ocurre nada en ese momento, me he acostumbrado a echar mano de que a la gente le gusta ver aparecer al autor, que este reciba también como el personaje, que se caiga desde lo alto del Empire State, que le pasen cosas de esas. O me hago salir yo mismo, o hago salir a cualquier personaje de estos políticos. Todo destinado a salvar esa situación. Ese momento en el que la dichosa musa no estaba bien sentada en el sofá. Es una simple excusa.

 

¿Por qué muchos de sus títulos riman? Mortadelo y Filemón, Agentes de Información; La familia Trapisonda, un grupito que es la monda

Era una costumbre del antiguo gigante editorial que todos, no sé por qué, debían tener su pareado. No solamente los míos, los de los demás dibujantes también. Por ejemplo, esas historietas de Segura: Los señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón y cosas así. En aquella época estaba en auge lo que se llamaba el celuloide rancio, unas peliculitas mudas en las que había un comentarista, me parece que era Ramos de Castro, que iba comentando aquella película y hacía salir mucho los versitos en sus comentarios. En un momento dado estaba Jaimito con una chica y el comentarista decía: “Jaimito, muy ufano, a su novia mete mano”. Aquello le hacía mucha gracia a la gente y quizá se quiso trasladar a la historieta para que también tuviera su gracia.

 

Hubo una época en que otros autores tuvieron que dibujar a sus personajes. ¿Cómo fue?

Imagino que para ellos sería horroroso. Hubo un momento en que el Mortadelo tenía tal auge en sus ventas, que hacían falta más y más páginas. Y yo se lo decía al dire: “Que yo con la izquierda no puedo, de verdad, que es imposible”. “No se preocupe”, me decía. “Pero ya sabe que esto, si lo hace otra persona, el público no lo acepta y pone mala cara”. “Ibáñez, usted a lo suyo. ¡Produzca, produzca! Que de lo demás ya nos ocupamos nosotros”. La costumbre de esa gente era que, con tal de vender más, cogían a un ejército de dibujantes. Si un autor podía hacer a la semana siete, ocho o diez páginas, estos conseguían hacer el doble: veinte o treinta. Y, ¡hala!, a vender, a vender, y de paso a hundir al personaje también, porque a la larga resultó más destructivo que otra cosa.

 

Si decidiera jubilarse, ¿permitiría que otros siguieran dibujando Mortadelo y Filemón?

Jubilarse… dejáme que busque en el diccionario a ver qué demonios significa eso. Esa y la otra palabra, ‘vacaciones’, tampoco la he encontrado nunca. No, ni pienso jubilarme ni coger vacaciones. Parece que sea una obligación dejar el lápiz e irse a jugar a la petanca. Acabaré cuando llegue el bum. “¿Y qué es el bum?”, me preguntan. Cuando esté trabajando y mi cabeza haga bum en la mesa. Aun así, en este país hay dibujantes magníficos que pueden hacerlo la mar de bien cuando eso pase. Otra cosa es el guion, que es más difícil. Pero si encuentran a una persona que sea tan inteligente como el autor actual y sea capaz de hacer el guion de Mortadelo, pues adelante, ¡que viva mucho tiempo!

Hablando de Mortadelo, ¿por qué se disfraza tanto en las historietas?

A los personajes hay que hacerles algo para que el lector los conozca por determinada causa. Por ejemplo, a Rompetechos se le conoce porque no ve, a Pepe Gotera y Otilio por la forma de comer. Entonces, a Mortadelo había que hacerle algo porque, a fin de cuentas, iban a ser dos agentes y de eso había mucho en los tebeos, en el cine… Pensé en los disfraces y, a última hora, dejaron de ser disfraces, sino que el personaje se reconvertía de acuerdo con la situación. Eso al lector le hacía mucha gracia y a mí también. Habrán salido miles y miles de disfraces y como sabía que a la gente le gustaban, hice un álbum: El disfraz, cosa falaz, y saqué hasta 200 disfraces más.

¿Sus personajes están inspirados en gente de la vida real?

No, qué va. Después de hacer 13, Rue del Percebe, venía algún vecino de mi escalera a preguntarme si algún personaje estaba inspirado en ellos. Y yo les decía que no.

Por cierto, ¿cómo sería la Rue del Percebe ahora?

Eso sí que habría cambiado completamente. La señora que alquilaba el piso ahora lo tendría lleno de okupas, el que estafaba a la gente, ahora sería un banquero… Toda la casa habría cambiado.

 

¿Con qué personaje suyo pasaría una tarde?

Una tarde no, paso todo el día (risas). Pero yo disfruto mucho con todos ellos. Siempre he dicho que mi favorito es Rompetechos, pero, en el fondo, absolutamente todos me gustan.


Foto de portada: cedida por Ediciones B

Similar Posts

Deja un comentario