• No solo rememoran una revista, es mucho más: reviven una época, una forma de vida y recuerdan a personas que con su trabajo hicieron felices a muchas generaciones
  • El TBO se ha convertido en una de las publicaciones más longevas y que más han incidido en la historia de la cultura popular española

MÓNICA RAKOSNIK


El libro conmemorativo 100 años del TBO disecciona página por página la icónica revista infantil que dio nombre a los tebeos. Sus autores, Antoni Guiral y Lluís Giralt —su colaborador— entablan una agradable conversación, en la que no puede faltar Josep M.ª Blanco, uno de los dibujantes más representativos del TBO.

Han pasado ya 100 años desde que se publicó el primer número de la legendaria revista infantil TBO. Su importancia fue tal, que se convirtió en la publicación que dio nombre a todas las demás. Pero, ¿por qué se llamó TBO? Hay varias teorías, como la de Alberto Viña, director de la revista entre 1965 y 1983, que aseguró en 1992 que pretendían con solo tres letras hacer una frase festiva (te veo) con un error ortográfico para lograr el efecto fonético deseado. Otra teoría proviene de Rosa Segura, la secretaria de Redacción entre 1956 y 1983, que halló un libreto de zarzuela en 1909 cuyo título era T.B.O. y que versaba sobre el lanzamiento de un periódico. Lo que encajaría bastante, puesto que, quienes conocen al editor, Joaquín Arques, saben que era un amante de la zarzuela.

Estos y otros muchos detalles son los que no han pasado por alto Antoni Guiral y su colaborador Lluís Giralt, en su libro conmemorativo 100 años de TBO. La revista que dio nombre a los tebeos. Un libro que disecciona página por página, número por número, la prestigiosa revista centenaria. Lo presentaron el pasado 10 de marzo en Barcelona Antoni Guiral, un teórico y divulgador de la historieta, y Lluís Giralt, que se define a sí mismo como un “grafópata”. Además, la presentación también contó con la presencia del último superviviente de la revista, Josep María Blanco Ibarz, dibujante de La familia Ulises y creador de la conocida tribu caníbal Los Kakikus. Tres compañeros unidos por una misma pasión entablaron una agradable conversación en la que compartieron anécdotas, historias, datos, etc. No solo rememoran una revista, es mucho más: reviven una época, una forma de vida y recuerdan a personas que con su trabajo hicieron felices a muchas generaciones.

 

Antoni Guiral, Josep Maria Blanco y Lluís Giralt. Foto: Elena Beltrán

 

El libro

Muchos de estos apuntes quedan recogidos en el libro conmemorativo, que ha sido posible gracias a Lluís Giralt, un “enfermizo” coleccionista de originales de TBO, que incluso llegó a ser colaborador de la revista durante los años 1979 y 1983. “Yo he realizado una autopsia del TBO desde el número uno hasta que este señor (Guiral) me dijo basta”, explica Giralt. Los dos cuentan con humor que la época más pesada era la de Buigas —director desde 1917 hasta 1963— porque cada página tenía 7 u 8 historietas y se tenía que ir mirando cada detalle sin que se escapara nada. “Por eso hemos ido descubriendo cosas que no se habían descubierto nunca”, añade Giralt.  Uno de los descubrimientos que más maravilló a este último fue el de la fecha de la primera publicación del TBO.

La fecha

Antoni Guiral cuenta que la redacción del TBO siempre ha dicho que el número uno salió el 17 de marzo del 1917, pero que en 1992 un señor que se llama Cortés hizo una tesina sobre el TBO y descubrió que en un número de 1917 había un texto que decía que el TBO apareció el 11 de marzo de 1917. El texto habla de una familia de Yorkshire que estaba muy triste porque sus dos hijos mayores se habían ido a la guerra, pero quedaban sus hijos pequeños y, gracias a que reciben el TBO el 11 de marzo de 1917, la familia se revitaliza. Aunque se trata de un texto humorístico y promocional, hace pensar que quizás el 17 no sea la fecha verídica. Pero a esto se le añade un problema. Pocas semanas después de este texto, aparece un chiste del dibujante Urda en el que sale un anuncio que dicta: “Lea TBO, sale cada sábado”. “El 11 de marzo era domingo, así que, si el anuncio es cierto, tendría que ser por fuerza el 10 o 17 de marzo”, comenta Guiral. “Al menos hemos puesto un interrogante”, añade Lluís Giralt.

 

Sobre La familia Ulises

Otro de los hallazgos del libro es el de los dibujantes de La familia Ulises. “Estos fueron Benejam, Tínez, Salvador Mestres, este señor que lo hizo toda su vida (refiriéndose a Blanco), pero después hubo alguien en medio”, afirma Giralt.  Ese fue Joan Blancafort, que primero firmó como Sacha. Es algo que no se sabía hasta ahora.

También han descubierto que La familia Ulises se creró un año antes —en 1944— bajo el nombre de La familia Hilarión. Esta no pretendía ser una serie, sino que era una historieta normal que se iba a publicar en junio, haciéndola coincidir con la festividad de San Joan. Pero no la pudieron publicar y decidieron editarla al año siguiente. Para entonces ya está La familia Ulises en medio. De este modo, la primera historieta no fue La posada de los asnos veloces, como se ha dicho siempre, sino El gran petardo terremoto, ambientada en la verbena de Sant Joan. Lo descubrieron gracias a un original de medio año después de La posada de los asnos veloces: “Lo miro, toco y huelo y veo que en la primera viñeta en que dice Ulises hay un papel enganchado, debajo del cual pone Hilarión”, explica Giralt.

 

La familia del TBO

Pero no podemos hablar de La familia Ulises sin referirnos a Josep Mª Blanco. Él fue el dibujante de esta familia del TBO desde 1969 hasta su fin, con un parón en el 1972 en el que, con el deseo de modernizar La familia, le sustituyó Salvador Mestres durante tres meses. Blanco cuenta cómo iba a ayudar a Benejam a su casa de la calle Entença. Éste, que dibujó La familia Ulises desde el 1944, estaba perdiendo la vista y requería la ayuda de Blanco para retocar cosas, perfilar y poner los bocadillos. Llegó un punto en que se había de retocar tanto que pidieron a Blanco que lo hiciera todo. Así es como Blanco Ibarz se hizo cargo de La Familia Ulises, una misión que recibió con un certero planteamiento: “Yo tenía claro que no firmaría, porque he sido en esto muy puntilloso. Lo que es mío es mío y lo que es de otros es de otros.” Explica que la editorial le pidió que las firmara, pero él se negó: “No, porque yo soy dibujante, pero del Ulises soy un trabajador”. Es llamativo con qué cariño recuerda los consejos y ánimos que le daba su antecesor, Marino Benejam, con el que trabó una buena amistad.

Josep Maria Blanco firmando en la presentación del libro ‘100 años del TBO’. Foto: Mónica Rakosnik

 

Pero para Blanco no solamente estaba La familia Ulises, también tenía su otra familia: la familia TBO. Él entiende la familia como los dibujantes que coincidían el lunes para llevar los trabajos. De ellos se lleva la confianza que le dieron desde el principio. Según el autor, le pagaban sin antes revisar sus trabajos. Creían en él y en su trabajo, sabiendo que al principio era un si l’ encerto,  l’ endevino. “Fui muy afortunado con la gente que encontré, los dibujantes, los de la editorial, la familia”, exclama.

Explica que para él este libro ha sido toda una sorpresa y que incluso hay cosas que ni siquiera él se acordaba, como una noticia que dice que tenía un permiso especial, es decir, un documento que lo autorizaba para hacer La familia Ulises.

 

Época dorada del TBO

El TBO llegó en 1917 y duró hasta el 1998, pasando por etapas muy diversas. Estuvo a punto de desaparecer durante la Guerra Civil, pasó por la etapa no numerada del franquismo, vivió una modernización en 1972 y en 1983 fue adquirida por Bruguera. Después de un TBO irreconocible con esta editorial, ya en la última etapa, con Ediciones B, volvió a su filosofía de siempre, pero con autores modernos.

Se suele decir que el TBO tuvo dos momentos estelares desde el punto de vista comercial: a finales de los años 20 y principios de los 30, con más de 200.000 ejemplares; y del 1956 al 1958, que llegó a los 350.000 ejemplares. Sin embargo, para Guiral —algo con lo que también coincide Giralt— la etapa más interesante es la que va del 1941 al 1952. Es la etapa sin numerar del TBO, aquella en la que han de ir cambiando los títulos de la cabecera porque no tienen permiso de publicación periódica. También es la etapa en la que las publicaciones infantiles y juveniles no están bajo ninguna legislación, por lo que, aunque algunas sufren la censura, pasan muchas historietas con un componente crítico y social fuerte. Por todas estas razones, Guiral considera que es “la etapa más brillante”.

 

Ojo, señoras con curvas

La censura también afectó al TBO, pero fue a partir de 1954 cuando se agudizó, ya que se inició la legislación sobre publicaciones infantiles y juveniles. Giralt cuenta que el dibujante más censurado de la revista fue Urda, ya que este dibujaba “unas señoras altas y grandes con muchas curvas”.

También Blanco sufrió la censura en el 1970 con una de sus historietas: “Era una época, la del franquismo, en la que se necesitaban muchas influencias. El protagonista va a matricular a su hijo a la escuela, a sacar un billete de tren, a dar de alta el teléfono… y en todas partes le piden que rellene unos impresos y una carta para buscar recomendación. Su mujer llama al médico porque este acaba obsesionado, pero allí también le piden la carta de recomendación”.

 

Las claves que lo hacen especial

TBO resistió a una guerra civil, a la férrea censura del franquismo, a diversos cambios en la propiedad… ¿Dónde residía su éxito? Antoni Guiral explica que el TBO buscaba parecerse a En Patufet, pero quería publicar en castellano y sin la moralina típica de este, es decir, con historietas festivas. “Pero lo que hace es empezar a concebir un nuevo formato de revista. Si hasta ahora estaban ‘los periódicos infantiles’ que tenían alguna historieta pero mucho texto, ellos crean un concepto de revista que da prioridad a la historieta, hasta el punto de que a partir del número 10 esta aparece en portada”, señala Guiral.

Este estilo de revista que empezó TBO, lo continuaron otras publicaciones, como Pulgarcito en 1921. Por otra parte, comenta Guiral, “al dirigirse a toda la familia, crean una fidelización de lectores que se ve favorecida por ciertas series y secciones como Los grandes inventos de TBO, Visiones de Hollywood, La familia Ulises, etc.”.

Estas son algunas de las claves que descifran el éxito que tuvo esta revista. Quién diría que, en sus inicios, impresa en tinta azul y con un precio de 5 céntimos de peseta, llegaría a ser una de las publicaciones más longevas y que más han incidido en la historia de la cultura popular española. Han pasado ya 100 años, 100 años de esa publicación que nos enseñó a ver la realidad con humor. ¡A cuántos habrá hecho reír!

¡Hasta siempre, TBO!


Foto de portada: Elena Beltrán

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