• “El reto de un guionista es tener una idea que sea factible de plasmar en dibujo”
  • “La idea de hacer un recorrido histórico ilustrado de Cataluña nos atrajo mucho”
  • “Ilustrar historietas en Barcelona nos gusta porque somos catalanes y porque el TBO nació aquí”

BELÉN TORRES 

MÓNICA RAKOSNIK 


Francisco Pérez Navarro (Barcelona, 1953), conocido como FP o Efepé, espera en una terraza con vistas a la Catedral de Barcelona mientras fuma un pitillo, se toma un café con leche y sacarina y come un cruasán. Sus andanzas como guionista de cómic empezaron cuando tenía diecisiete años. Estudiaba Periodismo en la universidad a la vez que trabajaba. Consiguió hacer de su pasión su profesión y firmó historietas de todo tipo: infantiles, de adultos, humorísticas, de ciencia ficción… Algunas ambientadas en la ciudad que lo vio nacer, otras de personajes tan queridos como Superlópez, varias junto a su amigo y dibujante Jan. Durante una soleada mañana de marzo, charlamos con él con unas campanadas góticas de fondo.

¿Cuál es el mayor reto de un guionista?

Muchos dirían que tener una idea sobre la que trabajar, yo añadiría que esta sea factible o válida de convertirse en una historieta, porque hay ideas que no se pueden plasmar en un dibujo o en una historieta.

Para saber si una idea es viable, ¿se trabaja con el dibujante o el propio guionista lo percibe?

Se puede trabajar con el dibujante. De hecho, es mucho mejor porque es importante que haya una compenetración, pero no es necesario en este punto. Muchas veces, cuando trabajas en el extranjero, no tienes ni idea de quién es el dibujante, qué piensa, cómo está más cómodo dibujando, y no puedes hablar con él  a no ser que sea a través del editor, estás más bien solo.

Cuando hay una idea en mente, ¿cómo es el día a día de un guionista?

Depende mucho de sí es una historieta corta o larga. Una vez tengo la idea concreta, lo que suelo hacer es desarrollarla en papel. Voy haciendo monigotes, malos, porque soy muy mal dibujante, y en ellos voy poniendo los bocadillos y el texto. Así veo si cabe en la página o no, si lo escrito tiene la misma intención que lo pensado, puedo reescribir, retocar, rehacer, hasta que queda una página completa. Intento que en el final de cada página haya un punto que capte la atención y el interés de lector, para que quiera pasar esa página, cuanto antes mejor, y siga adelante con la historia.

Háblenos de Nosotros los catalanes (1978). ¿Cómo surgió la idea?

Realmente, la idea fue de un editor francés afincado en el País Vasco que nos propuso, a Jan [el dibujante] y a mí, hacer un recorrido histórico de los catalanes, desde el principio y hasta Tarradellas, con políticos de todo ámbito. Y nos gustó la idea. En un principio iban a ser dos álbumes, y al final, por cosa del presupuesto, se tuvo que comprimir y quedó un poco abigarrado de texto, pero lo hicimos con mucho gusto. Jan y yo llevábamos diez u once años haciendo muchas colaboraciones, así que estábamos contentos.

¿Cuánto tiempo les costó sacarlo?

No fue rápido, eso seguro. En aquellos momentos yo estudiaba Periodismo y Jan se dedicaba a hacer otras cosas. Nos llevó un año, porque era un trabajo que hacíamos bastante espaciadamente. Además, Jan tenía que estudiar mucho contexto histórico y yo tenía que consultar muchos libros de historia, todo esto en nuestro tiempo libre. Tardamos bastante, pero al final se publicó.

¿Les han propuesto alguna vez continuar la historia?

Sí, varias veces y además en diferentes etapas de lo que es ahora la historia catalana. Se pueden sacar ocho o dieciséis álbumes más del tema, pero el dibujante no ha querido. Para él es una obra completa, que la hizo en su momento y que acabó. Además, él tiene que hacer todos los años Superlópez, que son unas 140 páginas, y no tiene tiempo ni ganas para más. Llegaron incluso a proponernos hacer esas páginas como una especie de suplemento con otro dibujante, pero la editorial quebró. Supongo que de aquí poco o mucho alguien dirá: “Oye, ¿por qué no reeditamos?”.

Con Jan había trabajado antes, haciendo Superlópez…

Los dos trabajábamos para la Editorial Bruguera, el miércoles era día de pago, y guionistas y dibujantes íbamos a algún bar a la salida, nos tomábamos algo y charlábamos. Un día, Jan y yo coincidimos, empezamos a hablar, y digo hablar en sentido figurado porque Jan es sordomudo, y conectamos, nos caímos bien. A él le gustaba lo que yo hacía y a mí me encantaba como dibujante. Entonces pensamos en colaborar juntos, ya que él no estaba muy contento con lo que estaban haciendo con Superlópez los otros guionistas, que eran sugeridos por la casa. Así que probamos unas cuantas historias, a él le gustó, a mí me gustó y a partir de ahí seguimos el camino. Primero eran historias de una página, luego, como gustaban, las hicimos de cuatro, luego de ocho y luego hicimos álbumes de 46 páginas. Ahora seguimos  haciendo un Superlópez al año. Él hace tres, por contrato, y uno lo hacemos juntos.

Dejaron de colaborar. ¿Por qué?

Por problemas personales, sobre todo de él, y económicos. A Jan le pagaban por página, un precio que él distribuía entre la colorista, él y yo. Hubo ciertos problemas y primero tuvo que prescindir de la colorista, que era su sobrina, si no me equivoco, y con el tiempo me dijo: “Chico, lo siento pero…”. Hicimos una especie de trapicheo, yo le dije que no me importaba que él estuviera solo y él, a cambio, me cedió los derechos de varias cosas que hicimos juntos como Nosotros los catalanes, que los originales los tengo yo en casa. También me cedió los de una historia que se llamaba Paso largo y estaba ambientada en la conquista de América.

¿Pero acabaron bien, no?

Sí, seguimos trabajando y nos llevamos bien. Cuando se iban a cumplir los 40 años de la aparición de Superlópez, aunque las ventas iban declinando, a Bruguera se le ocurrió recuperar a los lectores de antes juntando otra vez al Supergrupo con Superlópez. A Jan supongo que no le importó, e hicimos un álbum que fue cojonudo y tuvieron que hacer tres ediciones. Entonces pensaron en publicar un cómic así al año y aún hoy día se siguen vendiendo más los álbumes que hacemos en colaboración que los que hace él en solitario, por eso seguimos manteniendo esa periodicidad de creación.

Nosotros los catalanes está ambientada en Barcelona, también lo está algún Superlópez. ¿Por qué tanto Barcelona?

Porque los dos autores somos catalanes, y catalanes de pro.  Nosotros los catalanes pasa aquí por varios motivos. Primero, porque somos catalanes y nos apetecía ambientarla en Barcelona. Segundo, porque el TBO nació y se publicó en Cataluña. Y tercero, porque es la familia Rovellón y el “rovelló” es catalán, no se llama “la familia Niscaló”, se llama “la familia Rovellón”. Todo es catalán. Así que ¿por qué no ambientarla en Barcelona? Nos apetecía.


Obra de cómic favorita. Imposible de responder, es como si me dijeras cuál es mi película favorita. Hay muchos autores que me gustan, mucho donde elegir.

¿Un personaje suyo? Oh, son todos mis hijos (se ríe), no voy a poder escoger entre todos ellos. Si tuviera que elegir uno, el cómic del que me siento más orgulloso es Nosotros los catalanes.

Comienzos. Llevo 47 años en este mundo, comencé con 17 años, en un momento en que trabajaba por la mañana, luego iba a la universidad a estudiar Periodismo y por la noche empecé a hacer guiones. Dormía cuando se podía. En los transportes, por ejemplo.

Forma de trabajar. Igual un día trabajo ocho horas y otro no toco un guión. Por lo general, procuro hacer unas seis horas diarias, pero ¿entran en las horas de trabajo las que dedicas a idear historietas? Porque eso no puedes dejar de hacerlo, nunca.

Y cuando no trabaja, ¿qué hace? Leer, ver series, películas, también voy al cine, paseo, que es algo obligatorio para mí, voy con los amigos…

¿El cómic en España goza de buena salud? No. En España no se lee cómic, por eso la mitad de nuestros dibujantes trabaja para Francia o Estados Unidos. Siempre ha sido así, es una discusión muy larga en la profesión y no quiero llorar, que siempre estamos llorando por eso. Desde que apareció la televisión, la gente no lee, y a eso súmale ahora el móvil. Tampoco goza de buena salud porque las tiradas son pequeñas y porque los autores tienen que vivir con el adelanto de las editoriales y eso no da para mucho.

¿Qué aporta el cómic a la forma de contar historias? Tiene más o menos los mismos recursos que el cine, con la desventaja evidente del sonido. El montaje es bastante similar, de hecho. Lo bueno del cómic es que siempre puedes tirar atrás y releer en caso de que haya algo que no entiendas o que te pierdas.


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