• “El  cómic no entiende de sexos. De las cosas que más nos duelen a las autoras es que se etiquete al cómic de femenino”
  • “Intento elegir proyectos de cachondeo, ficción, algo muy loco, menos serio”
  • “Moon Girl es el primer proyecto en el que me pagan en condiciones”
  • “A largo plazo me planteo publicar cómic independiente”

PATRICIA ZARRALUQUI

LILIANA NEVA

PUY PORTILLO


Natacha Bustos (Ibiza, 1981) empezó su relación con el cómic cuando era pequeña. Sus raíces brasileñas y sus visitas a ese país hicieron que su afición comenzase gracias a la lectura de los quadrinhos, como allí se conoce al cómic. Quedó encandilada porque le divertían y le relajaban. En España leía Mortadelo y Filemón, pero el dibujo no le convencía. Tuvo que esperar hasta descubrir el manga para que se despertara en ella la fascinación por los dibujos y el interés por intentarlo en serio, ya que hasta el momento solo había imitado el anime que veía en la televisión. Ahora, Natacha se dedica al cómic profesionalmente y desde 2015 es dibujante de Moon Girl y Dinosaurio Diabólico, una de las nuevas apuestas de Marvel.

 

¿En qué momento decidió dedicarse a esto?

Hasta la Universidad no sabía que existía una carrera que te formara para trabajar en esto. Mis padres no leían cómics y no tenía ese legado. Pero yo sí lo hacía y dibujaba cómics por diversión. Sabía que quería dedicarme al dibujo, pero no al cómic. No pensaba que podía llegar a vivir de esto.

En Bellas Artes descubrí que me podía profesionalizar en ello, y un profesor que trabaja para el mercado francés, Sergio García, me animó mucho. Yo estaba muy ilusionada en esa época, tenía 21 años. No tenía el nivel, pero él lo veía. Entonces empecé a pensar que igual sí que podía dedicarme a ello, pero que tenía que hacerlo fuera, porque en España es muy complicado.

 

Pero no se fue…

Me quedé en España y enviaba pruebas fuera. En aquel entonces creía que estaban bien, aunque ahora veo esos trabajos y digo: “¡Hostia, estaba súper verde!”. Pero ese profesor confiaba en mí. Y así fue, me fui a Barcelona y trabajé en muchas cosas. Luego empecé en Diseño Gráfico y estuve siete años en agencias. Creía que ya me iba a quedar allí, pero a la vez estaba muy frustrada porque no me gustaba ese sistema de trabajo. Y me planteaba por qué gastaba tiempo y energía con algo que no era para mí. A mí me gusta hacer cómic. Entonces me salió Chernóbil, así que dejé el trabajo y me puse a hacer lo que me gustaba.

 

¿Y cómo se aprende a hacer cómic si hasta ese momento lo había hecho solo como aficionada?

Hasta que no acabé la novela gráfica de Chernóbil no me sentí profesional. Cuando publicas, la perspectiva cambia. Era un reto, quería ver si podía terminar algo, porque yo hacía cosas pero no las acababa, o participaba en proyectos de cuatro paginitas. Por eso comencé con una novela gráfica de ciento y pico páginas, aunque no se lo recomiendo a nadie que esté empezando. Cuando la terminé pensé que quería hacer algo totalmente diferente: cachondeo, ficción, algo muy loco. Y desde entonces intento elegir trabajos de ese estilo. Además, con los años me di cuenta de que funcionaba mucho mejor con una persona que me escribiera los guiones y que yo los dibujara.

¿Cómo fue su entrada en Marvel?

Publiqué unas páginas en DC y Marvel las vio. A la vez, uno que trabajó conmigo para ese proyecto, estaba creando Moon Girl y me interesó. También coincidió que le enseñé esas páginas de DC a mi amigo Javier Rodríguez, que estaba trabajando en Marvel. Gracias a todo esto, pude hacer mis primeros dibujos para Moon Girl. Me salió todo a la vez, así que 2015 fue el mejor año de mi vida. Recuerdo que años antes me rondaba ya en la cabeza: “¿Cuándo me llegará el momento? Me siento lo suficientemente profesional”. Sabía que podía llegar al mercado americano. Y llegué. Moon Girl es el primer proyecto en el que me pagan en condiciones.

Natacha Bustos lleva dos años trabajando para ‘Moon Girl and Devil Dinosaur’. Fuente: cedida por Natacha Bustos.
¿Se siente identificada con alguno de sus personajes? Físicamente tiene un aire a Moon Girl

Puede que en apariencia, ¡pero es que no me parezco en nada a ella! Yo no era así ni de pequeña. Nunca he hecho un personaje inspirado en mí, excepto en Caniculadas, donde me dibujaba a mí misma. Me gusta ponerme en la piel de otros personajes muy diferentes a mí.

 

¿Cómo se plasma la personalidad del personaje en un dibujo y se consigue mantener a lo largo de la historia?

La labor del guionista es fundamental, al menos en Moon Girl, porque él tiene muy claro cómo es, y yo la dibujo tal como me la imagino a través de los guiones. Es una niña que pone sus caretos todo el rato y es muy expresiva, como todos los niños de nueve años. Esto me salía natural, es simplemente tener un poco de empatía y reflejar lo que ves en la calle. Como me gustaba tanto el manga, aprendí mucho de sus expresiones, así que supongo que también plasmo algo de ahí.

 

¿Qué importancia tiene la perspectiva en Moon Girl?

Queríamos que el lector se diera cuenta de la inmensa diferencia entre Moon Girl y el dinosaurio. Dibujar un dinosaurio enorme con una niña tan chica de nueve años es complicado, hay que hacer un truco y reducir un poco el dinosaurio para que quepa en la viñeta. Se hace un juego de perspectivas, fundamental en el cómic, dependiendo de lo que queramos transmitir.

 

Sus influencias vienen del manga, ha publicado franco-belga y ahora se dedica sobre todo al americano. ¿En qué género se siente más cómoda?     

Me veo un poco en todo. Lo bueno que tiene España es la libertad para hacer lo que te da la gana y vender el proyecto. Lo malo, los bajos salarios por los adelantos. De Francia cogería las fechas de entrega, ya que te pueden dar hasta seis meses o más. Y del mercado americano me quedaría con el estilo y el marketing que le dan al producto. Con todo eso haría un mix ideal. También está el cómic independiente, que es muy cómodo por la libertad creativa y los plazos de entrega que tiene. A largo plazo es lo que me planteo.

¿Trabajar para Marvel supone tener muchas limitaciones a la hora de crear sus dibujos?

Las limitaciones están en cada producto de Marvel, porque está sujeto a muchas cosas. Te indican, por ejemplo, qué características tiene que tener un determinado personaje para que llegue a un mercado concreto y se venda. En ocasiones deciden poner a personajes como un X-Men para que un cómic se compre más. A mí me mola, pero también cansa que siempre haya personajes nuevos y que ninguno evolucione. A pesar de todo, en Marvel hay más libertad creativa de la que se piensa. A mí no me ponen pegas en casi nada de lo que propongo. Me pasan el guion y yo invento todo. No pasa nada si pongo la cara de un amigo mío a un personaje, por ejemplo.

 

Moderna de Pueblo criticaba en una viñeta que a las autoras se las trata de una forma distinta que a los hombres. ¿Ha notado diferencias en el trato?

Sí que hay diferencias y te das cuenta de ello en cuanto te haces profesional. Muchos afirman que el mundo del cómic es igualitario, pero no es cierto. En más de una ocasión te tratan como si fueras acompañante o amiga de un autor. Otro ejemplo son los titulares que separan el cómic de mujeres del propio cómic, como si el creado por nosotras fuese otra cosa distinta. El cómic no entiende de sexos. De las cosas que más nos duelen a las autoras es etiquetar al cómic de femenino. Cómic femenino, ¿qué coño es eso? Decir que el estilo de las mujeres es más femenino es una falacia. Puede haber hombres que tengan un estilo más fino, como puede haber una autora que lo tenga más duro, como si eso fuera significativo. En las generaciones mayores se nota más el contraste.

En las nominaciones de FICOMIC de este año solo hay dos autoras. Sucede principalmente porque la gente no lee obras de autoras porque, para conocernos, tienes que hacer una búsqueda muy concreta y consciente. En el colectivo Autoras de Cómic, del que formo parte, hemos contado 150 autoras que publicaron el año pasado, y tan solo dos han sido nominadas. Es un hecho importante que afirma la disparidad de oportunidades en este mercado según el sexo. El problema no está en el compadreo que existe entre autores, sino en el sistema de votación de FICOMIC, que no es paritario para nada. Es muy importante que a las que estamos empezando ahora se nos haga visibles y sirvamos de referente a las futuras generaciones. En la última edición del GRAF, en cada conferencia o mesa redonda había una o dos chicas, y no parecía hecho a propósito, sino que fue algo natural. Y en Termicómic pasó parecido: éramos más autoras invitadas que autores.

 

La obra Todo putas fue tachada de misógina por algunos, pero de grito a la libertad de la mujer por otros. ¿Qué opina de esta contradicción?

Fue una idea de Carla Berrocal para sacar el mal rollo al libro de Hernán Migoya [obra homónima en la que está inspirado este cómic], que no tenía la intención de ofender a ninguna mujer. Lo que ocurre es que para la mayoría de la gente, ya solo tiene sentido y se acepta lo políticamente correcto, no se pilla la sátira y se toma muy literalmente todo. El libro exponía historias complicadas de mujeres, que son el retrato de situaciones reales que nos han ocurrido muchas. Era un texto muy reivindicativo, pero cuando se publicó en 2011, el feminismo no estaba tan presente, y, al ser obra de un autor, asociaciones feministas lo calificaron de misógino. Pero cuando se publicó el cómic, nadie dijo nada porque estaba hecho exclusivamente por mujeres. Limpiamos un poco la imagen del libro. Pero la ficción tiene que ser así, tiene que servir para remover conciencias.


Obra de cómic favorita. Honestamente, ninguna, porque me gustan demasiadas obras por diferentes cosas.

¿Un personaje suyo? El que estoy trabajando actualmente: Lunella Lafayette, alias Moon Girl.

Fuentes de inspiración. Mis influencias vienen del manga, el anime, el cómic europeo, el americano, el cine… Rumiko Takahashi, Otomo, Taiyo Matsumoto, Inoue Takeshiko, Ikeda Riyoko, Hiromu Arakawa, Jilliam Tamaki, Satoshi Kon, Leiji Matsumoto, Daniel Clowes, Jill Thomson, los hermanos Hernández, Craig Thompson, Ai Yazawa, Studio 4C, Jessica Abel, Ross Campbell, Inio Asano…

Comienzos. Desde pequeña hacía mis historietas. Profesionalmente, hará 8 años.

Forma de trabajar. Trabajo una media de diez a doce horas diarias, dependiendo de si la fecha de entrega es cercana o no. Y tengo muchas manías, como la de reducir mis salidas al exterior y no hacer vida social durante la última semana de entrega. Parece una tontería, pero de esta manera me marco un objetivo para terminar antes.

Y cuando no trabaja, ¿qué hace? Todo lo que tenía pendiente: leer libros, ver películas y, sobre todo, salir a la calle y socializar.

¿El cómic en España goza de buena salud? Goza de buena salud porque hay mucho talento, pero a nivel económico, para el artista, ya no tanto.

¿Qué aporta el cómic a la forma de contar historias? El cómic posee una manera maravillosa de contar historias a través del arte secuencial y los dibujos. Aprendí a leer con los tebeos, así que para mí tienen mucho valor.


Foto de portada: cedida por Natacha Bustos

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