• Para crear el universo de Dos espadas me inspiré en Toledo, Granada y grabados del siglo XVIII”
  • Cuando me propusieron participar en la línea Gaijin, creí que el público tendría muchos prejuicios y que no tendríamos hueco por ser españoles”
  • En el manga, los argumentos pueden ser totalmente estúpidos, pero si los personajes tienen carisma y el lector se identifica con ellos, se conecta con la serie

ANDREA LARRIÓN


Kenny Ruiz (Alicante, 1980) lleva toda la vida dibujando. Durante sus años en Granada, creó con algunos amigos el fanzine Proyecto Cómic en 1994, y allí comenzó a publicar sus primeras historietas. Fue entonces cuando decidió que quería vivir de ello. En 2010, tras haber publicado en Francia, Ruiz entró a formar parte de la línea Gaijin de Glénat, una iniciativa que pretendía respaldar a los autores españoles de manga. Lo hizo con su serie Dos Espadas, que cerró en 2014 con su cuarto tomo.

 

Dos espadas está ambientado en el Siglo de Oro español. ¿Qué fue lo más difícil de recrear de este período en un manga?

No tiene nada de difícil porque en realidad me lo inventé todo. La corrección y la documentación es una obsesión europea, la mayor parte de los mangas inspirados en samuráis no son para nada correctos históricamente. En mi historia, en ningún momento se dice que se desarrolle en España ni tampoco en ninguna época concreta. De hecho, hay armamento que es de siglos diferentes. O sea, que si alguien se pone estricto desde el punto vista histórico, me puede colgar por los pelillos. Lo que ocurre es que a mí me gusta mucho la estética del Siglo de Oro.

 

Así que es más por estética que por otra cosa.

Claro. Cuando tenía que comenzar un nuevo diseño o una ambientación, miraba algunas referencias y construía a raíz de ello. En vez de inventármelo o recurrir a arquitecturas como la inglesa o la nórdica, que salen en muchos tebeos de fantasía, o a la japonesa, que es la que el manga utiliza más, yo recurrí a las construcciones renacentistas o del siglo XVII español. Miré un montón de fotos de Toledo, me inspiré en Granada, de donde yo soy, pero sobre todo me basé en un grabador llamado Piranesi, que es del siglo XVIII.

 

Kenny Ruiz trabajando en su estudio. Foto: cedida por Kenny Ruiz
Hablando la inspiración, ¿a qué recurre para crear nuevas historias?

Yo tiro mucho de mitología. No sé muy bien por qué, creo que en algún momento, de pequeño, los Caballeros del Zodiaco me hicieron un agujero en el cerebro y me convencieron de que toda la mitología mola. Entonces, cuando no tengo claro por dónde agarrar algo, siempre salto a la Wikipedia. De todas formas, yo creo que la clave es tener muchas fuentes y mucha cultura actual: cine, novela, tebeos, videojuegos… Todo eso lo voy recopilando de manera anárquica y cuando me hace falta alguna idea, busco alguna conexión entre todas esas cosas a ver si sale algo.

 

¿Hasta qué punto se le puede reconocer en las historias que cuenta?

Mucho. No tengo vergüenza. No escribo historias autobiográficas, pero sí que me proyecto mucho en los personajes. Digamos que no extraigo las vivencias concretas, pero sí las reflexiones que tengo. En el caso de Dos Espadas, es una metáfora muy burda y muy evidente para los dibujantes entre la esgrima y el dibujo. Por ejemplo, Cira, mi protagonista, está todo el rato buscando tener su estilo propio y otros personajes la van influenciando: algunos con técnicas, algunos con inspiración. Es muy parecido a la búsqueda que yo he tenido con mi trabajo o lo que he visto en otros compañeros.

 

¿Cómo ve el manga español?

No sé si tiene mucho sentido hablar de algo llamado “manga español”. Hacer manga es acogerse a un formato serializado, pequeñito, en blanco y negro, con muchas páginas y muy barato. En esto último está la clave, para mí. Es un tebeo de consumo, accesible para los jóvenes y que se compra mucho. Yo estoy super de acuerdo con esa forma de entender el cómic. Por otra parte, ayuda para acercarte al público al que quieres dirigirte. Si yo hubiera hecho Dos Espadas presentándola como una novela gráfica, la hubiera comprado gente que esperaba eso y se habría encontrado con un tebeo más adolescente. Yo quería hacer un tebeo para la gente a la que le gusta el manga. Pero no sé si eso supone que otros compañeros y yo hacemos manga español. A ver, parece un manga y somos españoles. Pero creo que para hablar de esto, harían falta más autores y más generaciones. Cuando empezamos con la línea Gaijin de Glénat era nuestra intención, que muchos artistas pudieran encontrar hueco ahí.

 

Cuando le propusieron participar en la línea Gaijin, ¿qué fue lo primero que pensó?

Me lo explicaron las chicas de Studio Kôsen, que están como una cabra. Al principio no quería participar. Me lo contaban y pensaba: “Anda ya. Estáis más locas… Estáis fatal”. Creía que el público iba a tener muchos prejuicios y que por ser españoles no íbamos a tener hueco, que ninguna editorial querría apostar por nosotros… Pero coincidió que tuve problemas con los que publicaban Dos espadas en Francia y estaba muy enfadado. Y las Kôsen, que son muy listas, aprovecharon mi rabia y la convirtieron en algo productivo. Luego, como en todas las cosas buenas de la vida, parece que se alinearon los planetas y se juntó una energía superpositiva de un montón de gente con muchas ganas que hizo posible que aquello ocurriera. Pero, por desgracia, es un proyecto que no se ha mantenido y que hubiera molado.

Proceso de creación de una de las páginas de Dos espadas. Fuente: Kenny Ruiz
¿Qué tiene el manga para fascinar tanto a los jóvenes?

Yo estoy convencido de que el éxito es porque los mangas se centran mucho en las emociones humanas. Los cómics americanos ponen el foco en las acciones. De hecho, la gente es fan de un superhéroe o de otro por las habilidades que tiene. En el cómic europeo, tiene muchísimo peso el contexto, dónde o cómo pasan las cosas, el entorno, los sucesos… Y en el manga todo eso da igual porque toda la narrativa se construye en torno a qué sienten y qué padecen en cada momento los personajes. En ocasiones, los argumentos y las premisas son totalmente estúpidos y superfluos, pero si los personajes tienen carisma y el lector puede identificarse con ellos, se conecta con la serie. Fíjate, si no, en la mayoría de los mangas o animes más populares: el argumento es una gilipollez. Es decir, mira los Caballeros del Zodiaco, que yo soy mega fan, pero el guión es una tontada. No tiene nada de valor literario en el sentido de estructura, o de que tenga un giro al final… Pero los personajes son “de verdad”: sufren, se enamoran o se sienten decepcionados. Los valores más primarios del ser humano están bien narrados. Un autor de manga puede tardar treinta páginas en contarte cómo se siente el personaje al ser traicionado por uno de sus amigos. O sea, ¡30 páginas!, que es lo que ocupa toda una aventura de Tintín. Quiero decir, ¿Tintín ha sentido algo en su vida? ¡No! Él va de aquí para allá, y eso también está guay, porque ahí es el lector el que proyecta las emociones en la historia. Pero en el manga no es así.

 

¿Está trabajando en algo que se pueda contar?

Sí, tengo la suerte de estar en muchas cosas. Por lo pronto, hay una serie en Bélgica que se llama Magic 7, producida por la editorial Dupuis. Me voy a encargar de dibujar el nuevo hilo argumental y estoy muy contento porque vuelvo al cómic francés con el guion de Kid Toussaint, con el que me llevo muy bien, así que creo que durante un tiempo estaré con esto. También acaba de salir Infinity, que es un manga escrito por Víctor Santos y que he dibujado yo, y estamos pendientes de cómo se vende, porque nos lo hemos pasado genial haciéndolo. Aparte, estoy compaginando todo esto con trabajos de story board para animación.

 

Si pudiera embarcarse en cualquier proyecto, por descabellado que fuera, ¿qué le gustaría hacer?

Dos espadas. Si pudiera, lo seguiría muchísimo más tiempo. Con ese proyecto estaba totalmente cómodo. Me entendía perfectamente con los personajes, su universo… Tengo muchos planes para esa serie, tiene muchas posibilidades y es muy divertido dibujarla. Y sobre todo me ocurre que con Cira conecto mucho, he conseguido separar una parte de mí muy reconocible en ella. Todo lo que me va pasando puedo verlo a través de sus ojos. Me habría encantado seguir con ella más tiempo. Otras de mis historias tenían un arco muy cerrado, muy concreto, no habría merecido la pena intentar alargarlas. Pero el universo de Dos espadas me parece potencialmente infinito y espero tener la oportunidad de retomarlo alguna vez.


Obra de cómic favorita. Akira.

¿Un personaje suyo? El navegante. Es un personaje que solo utilizo para historias cortas pero que tengo desde que iba al instituto y que me sirve para reflexionar sobre temas más profundos.

Comienzos. No recuerdo no dibujar, llevo así toda la vida. Pero a los 14 años empecé a planteármelo de forma profesional. Estudié en la Escola Joso, en Barcelona.

Forma de trabajar. Trabajo unas ocho o diez horas diarias. Me inspiro en la música, el cine, la mitología, el cómic, Internet y sus chorradas, y en las conversaciones con los colegas.

Y cuando no trabaja, ¿qué hace? Soy un jugador pésimo pero totalmente enamorado del juego de la Play 4 Destiny. Me flipa el cine y voy todo lo que puedo. Me encanta estar con mi novia y me apasiona viajar, es lo más guay que se puede hacer en la vida. Te cambia la cabeza y con ello te cambia tu forma de dibujar.

¿El cómic en España goza de buena salud? Hay que ser positivo. Ahora mismo, hay autores españoles nutriendo a todo el mundo. ¿Cómo no va a tener buena salud? Otra cosa es hablar de la industria.

¿Qué aporta el cómic a la forma de contar historias? Todo. El cómic requiere de interacción con el lector, más que el cine y menos que la literatura. Lo que produce el cómic es una conexión más activa con el lector, una relación peculiar. El lector es codirector de la historia que se desarrolla en su cabeza y que tú solo has introducido.


Foto de portada: cedida por Kenny Ruiz

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