Hace cuatro décadas, la editora y luchadora a favor de los derechos de las mujeres Gloria Steinem colocó en la portada de la revista Ms. la imagen de Wonder Woman, Diana de Temiscira, personaje gráfico creado en la década de los años cuarenta del pasado siglo XX por William Moulton Marston, su esposa Elizabeth Holloway y el dibujante H.G. Peter. La heroína gráfica, todo un símbolo de la emancipación femenina frente al yugo masculino, supuso un auténtico revulsivo dentro del noveno arte y de la misma cultura popular contemporánea.

Por ello, no es de extrañar que la editora escogiera al personaje y, en plena campaña electoral norteamericana, lo propusiera como candidata a presidente, cuando el desmedido Richard Nixon se presentaba para ser reelegido.

Esto es digno de destacar dado que su elección supuso proponer un símbolo de fuerza y determinación frente a las barreras que las mujeres de aquellos años debían soportar. Gloria Steinem hacia especial hincapié no sólo en la importancia de los votos para poder cambiar la sociedad, sino en la necesidad de reclamar para las mujeres sus derechos de independencia económica, ideológica, religiosa y personal, sin necesidad de tener cerca a ningún varón.

Piensen, si no, en las críticas y las medias verdades volcadas en el panfleto pseudocientífico en contra del noveno arte, Seduction of the Innocent, escrito por el nefasto psiquiatra Fredic Whertham, tres décadas antes. En sus páginas se denunciaban los modos y las maneras de la princesa Diana, comparándola con una dominatrix a causa del lazo mágico que porta, y denunciando, además, que su fuerza, independencia y capacidad para pensar por sí misma aboca a quien se comporta así a la homosexualidad sin género de dudas.

A la ONU no le ha quedado más remedio que retirar el nombramiento de Wonder Woman como embajadora de buena voluntad, debido a las críticas y el rechazo de 44.000 personas que firmaron en su contra

Los tiempos han cambiado, pero está claro que el miedo que Whertham y muchos como él plasmaron en libros, artículos y manifiestos no ha desaparecido. Como muestra, un botón: un mes después del anuncio por parte de la ONU, el 14 de octubre del pasado año 2016, en donde se hacía público el nombramiento de Wonder Woman como embajadora de buena voluntad para “lograr la igualdad de género y dar poder a las mujeres y niñas a lo largo del mundo”, al organismo internacional no le ha quedado más remedio que retirar el nombramiento, merced a las críticas cosechadas y al rechazo de 44.000 personas que firmaron en su contra.

¿El argumento? Pues según los firmantes, les pareció indignante utilizar un personaje gráfico, no real, tan abiertamente sexual, ligero de ropa y con un atuendo que recuerda a la bandera de una nación, los Estados Unidos de América, un hecho que podría ser tomado como una ofensa por los líderes y los ciudadanos de otros países.

Dejando a un lado el tema de las banderas y/o símbolos patrióticos, la realidad es que quienes se han manifestado en contra no sólo han ejercido su derecho a la crítica, sino que “han cogido el rábano por las hojas” y tan contentos. Wonder Woman es, a pesar de su aspecto y su indumentaria, mucho más que un personaje gráfico, y su carácter e impronta no buscan inculcar a las mujeres los mismos estándares que las llevan condicionando y acogotando desde hace siglos, sino todo lo contrario.

Lo importante es que su impronta sirva de inspiración para que las mujeres entiendan que el poder y la determinación por cambiar la situación reside dentro de ellas mismas

Si se hubieran parado a pensar, y a leer sus historias, se darían cuenta de que, en el colmo de la osadía, Diana de Temiscira ha sido uno de los pocos héroes gráficos que ha desafiado algunas de las sacrosantas reglas no escritas dentro del mundo gráfico y, por ello, su comportamiento ha sido escandaloso y censurable en un mundo donde todos quieren ser políticamente correctos.

En realidad, poco importa que la ONU le haya retirado el nombramiento al personaje. Lo que importa es que su impronta sirva de inspiración para todas aquellas mujeres que sufren los abusos de los cabestros, ignorantes que pululan a sus anchas por nuestra sociedad, y entiendan que el poder y la determinación por cambiar su situación reside dentro de ellas mismas, y que todas ellas son mucho más fuertes y poderosas que la mismísima Wonder Woman, la princesa Diana que un día llegó hasta nuestro mundo para cambiar algunas cosas que estaban mal.

 

Eduardo Serradilla Sanchis


Periodista y experto en cómic. Colaborador habitual de Gutter .

 

 

 

 


Foto de portada: Icono por Freepik (www.flaticon.com is licensed by CC 3.0 BY) y Gutter

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